¿Cómo trabajar la gestión emocional en jóvenes promesas del fútbol?

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¿Cómo trabajar la gestión emocional en jóvenes promesas del fútbol? Según el psicólogo deportivo español Dani Serrano, sólo un uno por ciento de todos los jugadores que están en las academias de fútbol llegarán a ser profesionales. Sin duda, un porcentaje muy bajo con el que podemos reflexionar sobre las prioridades en la etapa de formación.

Para ese noventa y nueve por ciento que no llegará a ser profesional, indica el experto, la prioridad en esta etapa debe ser la adquisición de hábitos saludables, valores positivos, el aprendizaje y mejora de sus cualidades, pero sobre todo la diversión y el disfrute.

Pero ¿qué hacer con ese mínimo porcentaje que desde muy pequeño ya está destacando y parece “destinado” a poder triunfar en el deporte?

“Normalmente, estos niños son jugadores que se desarrollan muy pronto y que tienen unas habilidades innatas muy avanzadas que van a repercutir en jugar siempre, conseguir superar sus acciones con éxito y destacar sobre el resto con mucha facilidad; y lo más peligroso es que lo harán sin apenas esfuerzo”, sostiene Serrano.

En palabras del especialista, todos estos jugadores son una población de riesgo, sobre todo a nivel emocional, “ya que van a estar sometidos a muchas expectativas externas con la presión que eso conlleva”. Así, sostiene que “si no hay una buena gestión de esta situación, lo primero que puede pasar es que nunca lleguen a triunfar, y lo segundo y más grave, que pueda derivar en diferentes psicopatologías”.

Ya con un panorama más claro, ¿qué hacer para enfocar de forma positiva esta evolución? El también Director del Centro Oficial de Enseñanzas Deportivas de Fútbol y Fútbol Sala en Valencia, España, propone lo siguiente:

1. Entender primero que antes que futbolista es niño y quiere pasárselo bien.

2. Controlar nuestras expectativas hacia ellos, evitando que sientan que tienen alguna responsabilidad más allá que la de aprender y jugar.

3. Sin prisa para cambiarlo de club, no hace falta acelerar el proceso. En ese club tiene amigos, y si está cómodo allí, todavía puede continuar.

4. Dentro de ese club o si ya ha salido a otro mejor, puede ir buscando retos mayores como entrenar o jugar con algún equipo de categoría superior. De esta manera, empezará a exigirse más y evitará el acomodamiento.

5. La frustración por el fallo o por no conseguir siempre lo que se propone debe convertirse en algo que pueda ser capaz de tolerar y también en parte de su aprendizaje, pues le puede hacer mejorar.

6. Enseñarle la importancia del compromiso en el deporte; una vez te comprometes a algo, debes cumplir con ello.

7. Valorarle el éxito en su esfuerzo y en cómo hace las cosas, por encima del resultado que obtenga.

8. A medida que vaya creciendo, evitar la sobreprotección otorgándole más responsabilidades (siempre en aspectos que dependan de uno mismo) y ayudándole a poder enfocar las amenazas como retos.

9. Este proceso es largo, pero el mensaje debe tener una continuidad en el tiempo y una coherencia entre padre/madre y entrenador.

“Nosotros, los psicólogos deportivos, podemos ayudar a que todos esos jugadores que se pierden por el camino por no tener los recursos emocionales adecuados, puedan ser cada vez menos. También podemos ayudar a crear un clima mucho más saludable en todo el contexto deportivo. ¡Empecemos a poner de nuestra parte para que el deporte consiga ser siempre algo positivo para nuestros pequeños deportistas!”, finaliza Serrano.

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