Cuando el técnico no es del agrado de los padres de familia

santa

Un entrenador tiene la misión de elegir a su equipo base para afrontar un compromiso. Son en el mayor de los casos 7 futbolistas que saltan a la cancha, mientras que hay 3 o 4 chicos que están a la expectativa en la banca.

Por las cosas que tiene el fútbol, el técnico no pudo alinear a dos jugadores. Y llega el final del partido. Esos papás esperan a la salida de la cancha al entrenador para reclamarle porque no hicieron jugar a sus engreídos. Hay un cruce de palabras. El padre en caliente suelta munición gruesa.

Los ánimos se caldean, pero la oportuna intervención de los demás padres de familia evita que la sangre llegue al río. A partir de ahí la relación empieza a deteriorarse. El entrenador sigue con su trabajo en los entrenamientos, pero sabe que no goza de la simpatía de un grupo de apoderados.

Por lo general, esta situación no llega a controlarse. Y los más perjudicados son los niños. Ellos lo único que desean es divertirse y ser felices. Si pierden un partido, les choca, pero al día siguiente ya muestran otro semblante.

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