Dejemos que el niño decida y se equivoque

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En deportes como el fútbol, el rendimiento se debe, en gran medida, a la capacidad de tomar las decisiones acertadas en entornos complejos e inciertos.

A decir de los especialistas, las particularidades y posibilidades físicas y técnicas de los futbolistas están supeditadas a la capacidad de los mismos de decidir adecuadamente y en el momento oportuno ante situaciones cambiantes y frente a entornos difíciles. Pero, cómo favorecemos el desarrollo del pensamiento táctico desde el fútbol base.

En primer lugar, indican los expertos, se debe considerar el pensamiento táctico como un pensamiento operativo que permite y facilita la resolución de problemas tácticos. Esta solución viene manifestada por la habilidad decisional del individuo, que selecciona la acción pertinente entre muchas posibilidades dentro de un escenario deportivo, y por las modalidades de ejecución motriz ajustadas a dicha acción.

“Este “saber decidir” o pensamiento operativo comporta a la vez saber qué es lo que hay que hacer, saber cómo hacerlo y saber hacerlo”, señalan.

Desde los planteamientos cognitivistas, la toma de decisiones y el pensamiento táctico están altamente mediatizados por los diferentes tipos de conocimiento que el deportista tiene almacenados en la memoria.

Es  necesario saber qué hacer (conocimiento declarativo) en un contexto antes de aprender cómo hacerlo (conocimiento procedimental). Por eso, recomiendan presentar previamente el problema táctico y, posteriormente, que el jugador descubra qué gesto técnico necesita para su solución. Pero normalmente se presenta primero el gesto técnico y, después, se introduce el mismo en un contexto jugado, limitando así el componente decisional del jugador, ya que la decisión ya le viene impuesta.

“El aprendizaje del pensamiento táctico debe dirigirse a la comprensión e integración de los principios de juego y de los principios de actuación individual en una situación específica dentro de dichos principios”, explican.

El contenido de aprendizaje debe estar contextualizado y debe ser funcional. Se sugiere así que el gesto técnico se aprenda de forma contextualizada en las situaciones tácticas y, por tanto, supeditado a la toma de decisiones. Es otras palabras, recomiendan priorizar la comprensión de las condiciones y de la situación como elemento clave a partir del cual elaborar la respuesta motriz adecuada a dichas circunstancias.

La construcción de conocimiento significativo no se produce como consecuencia de la participación exclusiva en las tareas específicas de aprendizaje (hacer la tarea), sino que es necesaria la organización de un sistema de interacción que guíe dicho proceso.

Uno de los aspectos más relevantes para favorecer el desarrollo del pensamiento táctico es el uso de “preguntas” que guíen dicho proceso de aprendizaje y el desarrollo de la conciencia táctica.

“Las preguntas pueden permitir a los jugadores orientar y focalizar la atención en los aspectos relevantes del juego en función de los objetivos. Parte del interés del uso de las preguntas radica en que permitan obtener un aprendizaje lo más significativo posible”, destacan los expertos.

En ese sentido, el desarrollo del pensamiento táctico debe orientarse hacia un aprendizaje comprensivo, para lo que es necesario diseñar tareas abiertas que obliguen a los deportistas a tomar decisiones.

“No podemos pretender que nuestros jugadores tomen buenas decisiones si en nuestros entrenamientos las tareas son cerradas o cada vez que un jugador tiene el balón nosotros le decimos lo que tiene que hacer. Dejemos que el niño decida y se equivoque. No tomará nunca la decisión correcta si no conoce las consecuencias de una decisión diferente”, finalizan.

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